A lo largo de la historia, los mapas han mostrado lugares que nunca debieron existir… o que simplemente desaparecieron sin explicación. Islas registradas durante siglos, vistas por exploradores e incluso reclamadas por gobiernos, que hoy no aparecen en ningún punto del océano. ¿Errores cartográficos, fenómenos ópticos o algo más inquietante? Este recorrido explora algunos de los casos más desconcertantes de islas fantasma que han desafiado la lógica, la ciencia y la historia.
Isla Bermeja

A unos 80 kilómetros de la costa de Yucatán, en el Golfo de México, existe un vacío que vale miles de millones de dólares. Según los mapas históricos de los siglos XVI al XIX, en las coordenadas 22.33N, 91.22W debería haber un pedazo de tierra de 80 kilómetros cuadrados llamado Isla Bermeja.
La Isla Bermeja no era una leyenda como tal. Fue registrada por primera vez en 1539 por Alonso de Santa Cruz. En 1540, Alonso de Chaves describió su ubicación exacta y su color rubio o rojizo (de ahí su nombre). Durante cuatro siglos, apareció en mapas de España, Francia e Inglaterra como una referencia geográfica sólida.
El misterio dejó de ser cartográfico para volverse económico en la década de los 70. La existencia de la isla permitía a México reclamar una Zona Económica Exclusiva mucho más amplia en el área conocida como «El Hoyo de Dona».
Este lugar es uno de los depósitos de petróleo más grandes del mundo. Sin la Bermeja, la frontera marítima mexicana se retrae, dejando gran parte del crudo en aguas internacionales o bajo el alcance de los Estados Unidos.
En 2009, ante la presión política, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lanzó la búsqueda definitiva. Utilizaron un rastreo de más de 10,000 kilómetros cuadrados y tecnología de sonar y fotografía submarina.
El resultado fue inquietante: No solo no encontraron la isla, sino que el fondo marino no mostraba ninguna formación que indicara que alguna vez hubiera existido algo allí. Bermeja se había evaporado de la faz de la Tierra y de los registros geológicos.
La explicación oficial es que los cartógrafos antiguos se equivocaron una vez y el resto simplemente copió el error durante siglos. Pero hay otra teoría, la favorita de la red. Se dice que el gobierno de EE.UU., consciente de que la isla le daba a México el control de los yacimientos petroleros, decidió dinamitarla o destruirla en secreto para eliminar la base del reclamo geográfico mexicano.
¿Cómo puede una isla aparecer en los mapas durante 400 años y luego no dejar rastro alguno?
San Borondón

Situada teóricamente en el Atlántico, cerca de las Islas Canarias, España, esta isla ha sido cartografiada durante siglos, bautizada por navegantes y buscada por reyes. Sin embargo, San Borondón tiene una particularidad aterradora: muchos dicen haber estado en ella, pero nadie puede encontrarla dos veces.
La leyenda nace en el siglo IX con el texto Navigatio Sancti Brendani Abbatis. Cuenta que el monje irlandés San Brandán el Navegante partió en el año 512 con 14 monjes en busca del Jardín del Edén.
El relato más famoso de su viaje ocurre cuando desembarcan en lo que creen que es una isla para celebrar la Pascua. Al encender una hoguera, la «tierra» comienza a moverse: no estaban en una isla, sino sobre el lomo de Jasconius, un pez monstruoso tan grande que su espalda estaba cubierta de vegetación.
A pesar de su origen mitológico, la isla fue tomada muy en serio durante la era de los descubrimientos. Cristóbal Colón creía firmemente en su existencia y aparece en el famoso Erdapfel de 1492 (el globo terráqueo de Martin Behaim).
Además en 1520, la expedición de Magallanes bautizó la Bahía de Samborombón en Argentina pensando que era el hueco que dejó la isla al desprenderse del continente.
Lo que hace que esta isla sea inquietante son los avistamientos masivos en las Islas Canarias. En 1566, el gobernador de El Hierro, Alonso de Espinosa, reportó un avistamiento al noroeste de la isla y presentó a 100 testigos que juraron haberla visto.
Incluso en 1723, un sacerdote llegó a realizar un exorcismo hacia la isla mientras esta aparecía detrás de una nube baja, frente a una multitud que firmó declaraciones juradas. Los testigos siempre describen lo mismo: una isla montañosa, muy boscosa, donde el sol parece no ponerse nunca.
Las teorías actuales sugieren que es un Fata Morgana: Un espejismo superior complejo que ocurre por la inversión de temperatura, proyectando islas lejanas sobre el horizonte donde no hay nada. Y para algunos habitantes de las Canarias, San Borondón es una entidad mística que solo se deja ver por aquellos que tienen «la vista limpia».
Hy-Brasil

A menudo confundida con el país sudamericano, la Isla de Brasil (o Hy-Brasil) aparecía en los mapas europeos mucho antes de que los portugueses pisaran América. No tiene nada que ver con el Amazonas, sino con las brumas de Irlanda y una leyenda que dice que la isla solo es visible un día cada siete años.
Desde 1367 (Mapa de Pizigani), Hy-Brasil fue dibujada casi siempre como un círculo perfecto dividido a la mitad por un río o canal. Apareció en mapas de cartógrafos tan prestigiosos como Mercator y Ortelius, y se mantuvo en las cartas de navegación hasta bien entrado el siglo XVIII.
A diferencia de otras islas fantasma que se describen como deshabitadas, Hy-Brasil tiene relatos de encuentros cercanos muy extraños:
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1498: Pedro de Ayala, embajador de los Reyes Católicos, informó que marineros de Bristol llevaban años buscándola (posiblemente buscando bancos de bacalao).
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1674: El capitán John Nisbet afirmó haber desembarcado en ella. Su reporte parece sacado de una novela de fantasía: dijo que la isla estaba habitada por un mago que vivía solo en un castillo de piedra y que estaba poblada por extraños conejos gigantes.
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1684: Murrough Ó Laoí juró haber vivido en la isla durante dos días, afirmando que desde su costa se podían ver las Islas de Aran en la distancia.
¿Cómo es posible que tantos marineros afirmaran haber llegado a ella? Muchos investigadores modernos creen que Hy-Brasil es en realidad el Porcupine Bank, un banco de arena a 200 km de Irlanda. Durante épocas de niveles del mar más bajos, esta zona pudo haber sido una isla real que acabó sumergida.
También podría ser fruto de ilusiones ópticas persistentes que parecen tierra firme. Pero el último avistamiento «oficial» registrado fue en 1872. Desde entonces, la isla parece haber decidido no volver a mostrarse tras su ciclo de siete años. Algunos teóricos de la civilización perdida, como Graham Hancock, sugieren que Hy-Brasil es un recuerdo ancestral de tierras que quedaron bajo el agua tras la última glaciación.
Isla Pepys

En diciembre de 1683, el barco pirata Bachelor’s Delight navegaba por las gélidas aguas del Atlántico Sur. Al mando iba Ambrose Cowley, quien aseguró haber descubierto una isla paradisíaca en una zona donde hoy solo hay mar abierto. La bautizó como Isla Pepys en honor al secretario del Almirantazgo británico, Samuel Pepys, esperando quizá un perdón real por sus actividades de piratería.
Cowley describió la isla en su diario con un detalle asombroso, lo que hizo que durante décadas nadie dudara de su palabra:
«Vimos una isla desconocida y deshabitada… Es un buen lugar para agua dulce y yesca. Su puerto es excelente, con fondeadero seguro para un millar de barcos. Vimos un enorme número de aves y creemos que habrá abundante pesca…»
Para la corona británica, una isla con capacidad para mil barcos en una ruta tan estratégica era un tesoro. El problema fue que, cuando enviaron a los mejores navegantes del mundo a buscarla, la isla parecía haberse esfumado.
La Isla Pepys se convirtió en una obsesión. Grandes exploradores dedicaron años de su vida a patrullar las coordenadas (54°15′S, 36°45′O) sin éxito. John Byron creyó haberla encontrado, pero pronto se dio cuenta de que estaba viendo las Islas Malvinas desde otro ángulo.
James Cook, el cartógrafo más preciso de su época, la buscó intensamente hasta la década de 1780 y finalmente concluyó que Cowley simplemente se lo había inventado o se había confundido.
Y Louis Antoine de Bougainville, el famoso explorador francés, también regresó con las manos vacías tras peinar la zona.
Existen algunas teorías principales que explican por qué un pirata experimentado juró ver una isla donde no hay nada. La teoría más aceptada es que Cowley cometió un error grave en sus mediciones y lo que vio fueron en realidad las Islas Malvinas (entonces llamadas Sebaldinas), pero situadas 4 grados más al norte de su posición real.
Otra es la del iceberg. En esa zona del Atlántico Sur, es común el desprendimiento de icebergs tabulares de la Antártida. Un iceberg de gran tamaño, cubierto de tierra y guijarros arrastrados por el hielo, pudo parecer tierra firme desde la distancia.
A pesar de las pruebas, el interés por la Pepys no murió fácilmente. Todavía en el siglo XIX, el historiador Pedro de Angelis insistía en que la isla era real. Hoy sabemos que la Isla Pepys nunca fue más que una isla fantasma en el diario de un pirata.
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