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La historia de las cadenas de correo: los mensajes que atemorizaron a toda una generación de internautas

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Quienes crecieron durante los primeros años de la popularidad de internet probablemente recuerden una de las costumbres más extrañas de aquella época: las famosas cadenas de correo. Era habitual recibir correos electrónicos, mensajes de Messenger más tarde o publicaciones en foros que aseguraban que algo terrible ocurriría si no se reenviaban a un determinado número de personas. En ocasiones prometían buena suerte, éxito o incluso encontrar el amor; otras veces recurrían al miedo, asegurando que un fantasma aparecería durante la noche o que una desgracia marcaría el resto de la vida del destinatario.

Aunque hoy puedan parecer simples bromas o un recuerdo nostálgico de los primeros años de la red, las cadenas llegaron a convertirse en un auténtico fenómeno cultural. Durante décadas evolucionaron junto a internet, adaptándose a cada nueva plataforma y encontrando siempre la manera de aprovechar los miedos, las creencias y la curiosidad de millones de usuarios.

Lo más sorprendente es que su historia comenzó mucho antes de la existencia de los ordenadores.

Un fenómeno mucho más antiguo de lo que parece

La idea de obligar a una persona a copiar un mensaje y enviarlo a otros no nació con internet. De hecho, existen ejemplos documentados con varios siglos de antigüedad.

Uno de los casos más conocidos es una carta religiosa conocida como Letter from Heaven, cuya existencia se remonta aproximadamente al siglo VI. Según la tradición, un joven habría encontrado el documento oculto bajo una roca y este afirmaba haber sido escrito por Jesucristo. En su contenido se incluían enseñanzas religiosas, pero también una advertencia muy clara: quienes copiaran la carta y la compartieran serían bendecidos, mientras que quienes decidieran ignorarla sufrirían una maldición.

El planteamiento resulta sorprendentemente familiar. Cambian el contexto y el lenguaje, pero la mecánica es prácticamente idéntica a la de muchas cadenas modernas: premiar a quienes participan y amenazar a quienes rompen la cadena.

Con el paso de los siglos estas cartas continuaron apareciendo de forma esporádica, aunque fue durante el siglo XX cuando alcanzaron una popularidad sin precedentes gracias al desarrollo de los servicios postales.

Las cadenas conquistaron el correo postal

A comienzos del siglo XX enviar cartas era más sencillo y económico que nunca. Esta situación permitió que las cadenas se multiplicaran rápidamente.

Muchas conservaban un marcado carácter religioso e invitaban a copiar el mensaje para difundir oraciones o solicitar ayuda para misiones evangelizadoras. Un ejemplo de 1905 pedía a los destinatarios que escribieran cinco copias de la carta y las enviaran a otras tantas personas para que la cadena continuara extendiéndose.

Sin embargo, pocos años después comenzó a imponerse otro tipo de mensajes mucho más populares: las cartas de la buena suerte.

Durante las décadas de 1920 y 1930, coincidiendo con las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y la llegada de la Gran Depresión, millones de personas atravesaban momentos de enorme incertidumbre. En ese contexto no resultaba extraño que prosperaran cartas prometiendo prosperidad y fortuna a quienes las reenviaran.

Muchas de ellas aseguraban haber sido iniciadas por un militar o por alguna persona especialmente afortunada y advertían de que romper la cadena traería mala suerte durante años. Y aunque hoy puedan parecer inocentes, algunas terminaron derivando en auténticas estafas.

A medida que aumentaba su popularidad, algunas cartas dejaron de limitarse a prometer suerte o bendiciones.

Comenzaron a aparecer mensajes que solicitaban pequeñas cantidades de dinero o regalos con la promesa de que, al participar en la cadena, el remitente recibiría una cantidad mucho mayor procedente del resto de participantes. En realidad se trataba de sistemas piramidales muy similares a los que siguen existiendo en la actualidad.

Una típica carta tipo estafa

El problema alcanzó tal magnitud que el Servicio Postal de Estados Unidos tuvo que intervenir. En determinados momentos llegaban a circular decenas de miles de cartas en cadena cada día, muchas de ellas incumpliendo la legislación relacionada con loterías y fraudes postales.

Aquellos primeros intentos de estafa desaparecerían del correo tradicional, pero no tardarían en encontrar un nuevo hogar: internet.

Internet transformó las cartas en cadena

La popularización del correo electrónico, los servicios de mensajería instantánea y los primeros foros transformó por completo la manera de difundir este tipo de mensajes. Mientras que antes era necesario copiar una carta a mano, comprar sellos y esperar varios días para que llegara a su destino, ahora bastaban unos pocos clics para enviarla a decenas de personas de forma inmediata.

Las cadenas comenzaron a multiplicarse a una velocidad nunca vista.

Era habitual abrir la bandeja de entrada y encontrar mensajes asegurando que sufrirías miles de años de mala suerte si no reenviabas el correo a diez contactos antes de que terminara el día. Otros prometían dinero, éxito profesional o incluso milagros si la cadena continuaba expandiéndose.

Una clásica cadena de correo

Paralelamente apareció otro fenómeno que terminaría formando parte de la cultura de internet: los copypastas.

A diferencia de las cartas en cadena tradicionales, un copypasta no siempre buscaba manipular emocionalmente al lector.

Se trataba simplemente de bloques de texto diseñados para ser copiados y pegados una y otra vez en distintos foros, chats o páginas web. Algunos eran bromas internas de determinadas comunidades, mientras que otros terminaban convirtiéndose en auténticos memes antes incluso de que la palabra «meme» se popularizara. Durante los primeros años de los 2000 era prácticamente imposible participar en un foro concurrido sin encontrarse con alguno de estos textos repetidos hasta la saciedad.

Comunidades como GameFAQs, Something Awful o, más tarde, 4chan desempeñaron un papel fundamental en su expansión.

Precisamente fue en 2006 cuando los usuarios de 4chan comenzaron a utilizar el término copypasta, un nombre que terminaría extendiéndose por todo internet.

El nacimiento de las creepypastas

Un año después surgiría otro concepto que acabaría marcando a toda una generación.

En 2007 comenzó a popularizarse el término creepypasta, utilizado para describir relatos de terror distribuidos mediante copias de texto en internet. Muchas de estas historias se presentaban como hechos reales y recurrían a elementos sobrenaturales para convencer al lector de que debía compartir el mensaje.

La fórmula era sencilla, pero extraordinariamente eficaz.

La mayoría relataba la muerte trágica de un niño o un adolescente que regresaba convertido en un fantasma para vengarse de quienes ignoraban la cadena.

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Entre las historias más conocidas destacaban personajes como Carmen Winstead, que todavía hoy muchos usuarios recuerdan con cierta mezcla de nostalgia y vergüenza.

Probablemente ninguna historia represente mejor aquella época que la de Carmen Winstead. El relato comenzaba con una joven de 17 años que afirmaba haber muerto después de que varias compañeras la empujaran al interior de una alcantarilla. Tras describir su supuesto asesinato, el texto advertía que cualquier persona que no reenviara el mensaje a quince contactos sufriría exactamente el mismo destino.

Para reforzar la amenaza, la historia añadía un ejemplo de un joven llamado David que decidió ignorar la cadena. Según el relato, poco después desapareció sin dejar rastro y únicamente se encontró un mensaje escrito con sangre en su habitación.

El copypasta de Carmen Winstead es el precursor de los creepypastas

Hoy resulta evidente que todo era una invención, pero durante aquellos años miles de niños compartieron estas historias convencidos de que podían ser reales.

Más tarde, el enorme éxito de plataformas como MySpace facilitó todavía más la difusión de este tipo de contenidos. Gracias a las listas de amigos bastaban unos segundos para reenviar una cadena a decenas de personas, creando un efecto multiplicador prácticamente imposible de detener. Algunas historias se convirtieron en auténticas leyendas urbanas digitales.

Muchos adolescentes terminaban enviando estos mensajes simplemente por si acaso. Aunque no creyeran completamente en ellos, el miedo a que la historia fuera cierta resultaba suficiente para pulsar el botón de reenviar.

Fue una época en la que superstición, humor y terror convivían de una manera muy peculiar dentro de internet.

Las redes sociales heredaron las cadenas

Con la llegada de Facebook, Instagram y otras plataformas sociales, las cartas en cadena volvieron a reinventarse.

Durante la primera mitad de la década de 2010 comenzaron a circular publicaciones dirigidas especialmente a adolescentes. Muchas prometían que la persona que las compartiera recibiría buenas noticias esa misma noche, encontraría pareja o conseguiría que su amor secreto le declarara sus sentimientos.

Otras recurrían nuevamente al miedo.

Algunas aseguraban que, si el mensaje no era compartido en menos de quince minutos, una misteriosa niña llamada Catherine aparecería durante la noche en el baño de la víctima. Como ocurría con las antiguas cadenas, el verdadero objetivo era aprovechar la sugestión y la presión social para conseguir miles de compartidos.

Una de las cadenas de terror más populares decía así:

Una chica fue asesinada en 1933. El asesino la enterró cuando todavía estaba viva. Éste cantaba mientras la estaba enterrando «Toma sota balcu». Ahora que has leído el cántico, te reunirás con esa chica. En mitad de la noche, descenderá del techo y te estrangulará del mismo modo que ella fue estrangulada. Pero si envías este mensaje a alguien más, no te molestará. Tu amabilidad será recompensada.

Había muchas variantes de cadenas similares, por ejemplo:

UNA NOCHE UNA MUJER FUE ATROPELLADA POR UN COCHE A ALTA VELOCIDAD POR LA NOCHE. EL CONDUCTOR ESTABA INTOXICADO Y NO LLAMÓ A LA POLICÍA. EN CAMBIO, ARRASTRÓ SU CUERPO SANGRANTE A LAS ALCANTARILLAS Y LA DEJÓ ALLÍ PARA QUE MURIERA. ENCONTRARON SU CUERPO DOS DÍAS DESPUÉS Y LO LLEVARON A LA MORGUE, DONDE LA LIMPIARON Y LA ACOMODARON.

PERO CUANDO FUERON A SACARLA DOS SEMANAS DESPUÉS, HABÍA DESAPARECIDO, SU BOLSA DE CUERPO VACÍA LLENA DE AGUAS RESIDUALES APESTOSAS.

SI NO REENVÍAS ESTO A OTROS CINCO ANTES DE LA MEDIANOCHE, ELLA ESTARÁ EN TU HABITACIÓN ESTA NOCHE. ELLA BUSCARÁ VENGANZA.

ESTO NO ES UNA BROMA: SABES LO QUE HICISTE.

Los propios algoritmos y el miedo que generaban contribuían involuntariamente a su difusión. Cada interacción hacía que las plataformas mostraran publicaciones similares, generando un círculo del que muchos usuarios jóvenes apenas podían escapar.

A veces las cadenas incluían imágenes de terror como esta

Sin embargo, las redes sociales también recuperaron otra vieja costumbre: las cadenas fraudulentas.

Uno de los ejemplos más conocidos fue el denominado Secret Sister Gift Exchange, un supuesto intercambio de regalos que comenzó a difundirse masivamente en Facebook en 2015.

La propuesta parecía inocente. Los participantes debían enviar un regalo valorado en unos diez dólares a otra persona y, supuestamente, recibirían entre seis y treinta y seis regalos a cambio.

Típico mensaje de intercambio de regalos

En realidad se trataba de un sistema piramidal ilegal, muy similar a las antiguas cartas fraudulentas del siglo XX. Con el tiempo, tanto las autoridades como la propia Facebook advirtieron públicamente sobre este tipo de publicaciones y comenzaron a eliminarlas de la plataforma.

La cadena del camión es algo «humorística»

Aunque no todas las cadenas pretendían estafarte o asustarte, algunas incluían presentaciones con fotografías y textos humorísticos, amarillistas o religiosos. También existían cadenas de chistes que terminaban con frases como «cuéntaselo a 5 amigos» o «haz reír a otro amigo», buscando que el mensaje siguiera circulando de persona en persona.

El final de una época… o quizá no

Hoy resulta mucho más difícil encontrar cartas en cadena que hace apenas una década.

Una de las principales razones es el enorme cambio que ha experimentado internet. El contenido en formato de vídeo ha desplazado a los largos bloques de texto que antes dominaban foros y redes sociales, haciendo mucho más complicado crear mensajes capaces de viralizarse únicamente mediante el clásico «copiar y pegar».

Además, los usuarios actuales poseen un nivel de alfabetización digital muy superior al de principios de los años 2000. Lo que antes podía parecer una historia inquietante hoy suele convertirse en un meme apenas unas horas después de aparecer.

Paradójicamente, muchos de aquellos mensajes sobreviven precisamente porque la gente se burla de ellos.

Aunque su época dorada quedó atrás, las cartas en cadena todavía no han desaparecido completamente.

En plataformas como TikTok todavía pueden encontrarse publicaciones que aseguran traer buena suerte, dinero o éxito sentimental a quienes interactúen con ellas. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones ya no buscan asustar al usuario, sino aprovechar el funcionamiento del algoritmo para conseguir más visualizaciones, comentarios y compartidos. El miedo ha dejado paso a la búsqueda de interacción.

Un recuerdo imborrable de los primeros años de internet

Aun así, las viejas cadenas siguen ocupando un lugar muy especial en la memoria de quienes crecieron durante los primeros años de internet. Forman parte de una época en la que la red era un territorio mucho más impredecible, donde una simple historia escrita por un desconocido podía convencer a miles de personas de reenviar un mensaje por miedo a que un fantasma apareciera bajo su cama esa misma noche.

Hoy sabemos que aquellas amenazas nunca fueron reales. Sin embargo, pocas cosas representan mejor la ingenuidad, la creatividad y el peculiar folclore de los primeros años de internet que aquellas interminables cartas en cadena que viajaban de un usuario a otro por todo el mundo.

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Escrito por
MisteryInternet

Desde 2012 escribiendo este blog, investigando los rincones más oscuros de internet, leyendas urbanas, crímenes y fenómenos paranormales que se esconden fuera de la vista.  Mi objetivo inicial de abrir un blog que desmientiera creepypastas populares fue evolucionando a lo que es la web actual, con más de 30 categorías y más de 800 entradas disponibles. Espero que disfrutes tu lectura.

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