Este caso es de sobra conocido por muchos, especialmente en España.
En una tranquila mañana de invierno de 1993, España despertaba con la noticia de un crimen tan macabro que sacudiría su conciencia colectiva durante décadas. Tres niñas adolecentes fueron secuestradas, torturadas y brutalmente asesinadas en un caso que desbordó los límites de lo imaginable.
Pronto, los medios se hicieron eco de la noticia y lo bautizaron como el caso de las Niñas de Alcàsser. Un caso más que mediatico que no solo reveló el horror de la violencia, sino que también destapó un laberinto de irregularidades judiciales, teorías conspirativas y sospechas que todavía perduran en la memoria de la sociedad española.
Las víctimas
Las Víctimas: Tres Adolescentes. Miriam García, Toñi Sánchez y Desirée Hernández, tres jóvenes de Alcàsser, un pequeño pueblo ubicado en la Comunidad Valenciana, fueron las víctimas de este crimen espantoso.
La tarde del 13 de noviembre de 1992 parecía una de esas salidas inofensivas de adolescencia. Miriam, de 14 años; Toñi, de 15; y Desirée, de 15, decidieron salir de fiesta. Su intención era dirigirse a la discoteca Coolor, situada en las afueras del municipio colindante de Picasent, antes de su cierre a las diez.
Previamente, Míriam había llamado a casa para ver si su padre las podía llevar, como era habitual, pero este había llegado del trabajo con fiebre y estaba en la cama.
Para llegar hasta la discoteca desde Alcácer había que recorrer una carretera que enlazaba los dos municipios, los cuales se encuentran separados entre sí unos dos kilómetros. El último tramo era oscuro y no había viviendas junto a la carretera.
Era habitual encontrar en los alrededores de Coolor a jóvenes de las poblaciones cercanas haciendo autoestop, a pesar de que los fines de semana el dueño del establecimiento fletaba un autobús y alguna furgoneta para transportar a los clientes.
Aparentemente, aquella noche, las tres adolescentes decidieron desplazarse haciendo autoestop, sin embargo, nunca llegaron a su destino.

Discoteca Coolor, que cerró tras los hechos de este caso
La desaparición
La desaparición fue denunciada esa misma noche, al ver los padres que sus hijas no regresaron pasadas las diez, y rápidamente se organizó una búsqueda masiva.
Las chicas se habían ido con lo puesto y casi sin dinero. Este hecho descartaba la idea de una huida voluntaria y empezaba a alimentar la teoría de un rapto.
Los días pasaban y la angustia se apoderaba de las familias y de toda la comunidad. La policía inició la búsqueda sin descanso, pero, como es común en casos de desapariciones, no lograron obtener resultados inmediatos.
Con el paso del tiempo, la sensación de desesperación aumentaba, y el caso comenzó a atraer la atención mediática.
En ese momento, el mundo observaba, y las especulaciones sobre lo ocurrido se multiplicaban. ¿Qué le había sucedido a Miriam, Toñi y Desirée?
La falta de pistas claras generaba teorías de todo tipo.
Se investigó rápidamente a los delincuentes sexuales de la zona: durante dos semanas, fueron tras la pista de un hombre que satisfacía sus deseos sexuales en un descampado con muñecas grandes que compraba de una tienda. No obtuvieron nada de él.

Cartel de las tres desaparecidas
La búsqueda se amplió fuera de España y se puso al corriente a los servicios de Interpol.
Las familias de las desaparecidas distribuyeron carteles en varios idiomas por algunos países de África (una pista llevaba a Marruecos, adonde podrían haberlas llevado como esclavas sexuales) y Europa.
El hallazgo de los cuerpos
Fue el 27 de enero de 1993 cuando finalmente se descubrió la macabra verdad.
Los cuerpos sin vida de las tres niñas fueron hallados en un paraje aislado, en una finca en la localidad de Tous, a unos 70 kilómetros de Alcàsser.
Fue a las diez de la mañana, en las proximidades de las colmenas donde trabajaban dos ancianos que encontraron los cuerpos como apicultores. Descubrieron un brazo humano medio desenterrado que llevaba un reloj de gran tamaño en la muñeca.
Los cadáveres se hallaban envueltos en una alfombra grande y nueva, en el interior de una fosa de grandes dimensiones que había sido excavada a propósito.
Los cuerpos estaban maniatados y apilados uno encima del otro, sin tocarse entre sí. Dos de ellos presentaban la cabeza separada del resto del cuerpo.
El hallazgo no solo fue un golpe devastador para las familias de las víctimas, sino para toda España.
Las niñas habían sido secuestradas, torturadas y asesinadas de una manera espantosa.
La brutalidad del crimen
La noticia de la brutalidad con la que fueron asesinadas las niñas conmocionó a la nación. Los forenses pronto confirmaron lo que muchos temían: las niñas habían sido secuestradas, torturadas y asesinadas de una manera espantosa.
El detalle más perturbador fue la evidencia de que las víctimas habían sufrido vejaciones extremas antes de morir. Fueron sometidas a una serie de abusos sexuales y físicos.
Sus cuerpos presentaban signos de violencia inusitada, y los informes forenses detallaron que las niñas habían sido asesinadas con un brutal método de estrangulamiento. Huesos rotos, falta de dientes, disparos con armas blancas, amputaciones e incluso dilatación anal.
Quien las había asesinado sin duda era un auténtico sádico.
Las primeras pistas
Además de los cuerpos, en los alrededores de la fosa se hallaron objetos de diversa índole.
Sin embargo, la pista más relevante fueron unos trozos de papel que se encontraron junto a unos matorrales.
Tras su reconstrucción, resultó ser un volante del Hospital La Fe de Valencia a nombre de un tal Enrique Anglés Martins, que había sido atendido de sífilis unos meses atrás.
Este volante fue clave para la identificación de los primeros sospechosos.
La prensa rápidamente comenzó a llenar las portadas con descripciones horribles sobre el crimen, y la opinión pública quedó aterrada por los detalles del asesinato.
¿Quiénes podrían haber sido capaces de semejante barbaridad?
Primeras actuaciones policiales
La tarde del 27 de enero de 1993, tras el levantamiento de los cadáveres y siguiendo la pista del volante médico encontrado en la fosa, la guardia civil se personó en el domicilio de Enrique Anglés, en Catarroja.
Enrique era el hermano de Antonio, un conocido delincuente de la zona ya fichado por la policía.
En el domicilio se encontraban Enrique Anglés, su hermana, el novio de esta y la madre de los Anglés, Neusa Martins.
Durante el registro, llegaron otros hermanos de Enrique Anglés, Mauricio y Ricardo, acompañados de un amigo, Miguel Ricart alias «el Rubio».
Un guardia civil reconoció a este último como el compañero de fechorías de Antonio y también fue llevado al cuartel en calidad de testigo.

Zona donde se hayaron los cuerpos
Las investigaciones concluyeron que el volante a nombre de Enrique encontrado en la fosa por la tarde fue realmente prescrito a su hermano Antonio, que había suplantado su identidad en el hospital.
La huida y la confesión
Los cuerpos de seguridad no consiguieron hallar el paradero de Antonio Anglés, que había emprendido su huida desde el primer momento.
Una de las primeras pistas le situaba en una peluquería de Valencia.
Los dueños del negocio alertaron a la policía después de haber atendido a un cliente que había acudido para que le quitaran el rubio teñido del pelo.
Por su parte, Miguel Ricart realizó una declaración voluntaria cerca de la medianoche del 27 de enero.
Debido a las contradicciones en las que incurrió, su amistad con Antonio Anglés y el hecho de que su coche coincidía con las descripciones de los testigos, Miguel Ricart pasó a estar detenido y realizó su primera declaración como acusado ante la guardia civil, en la que confesó su participación en los crímenes.
Sin embargo no sabía el paradero de su «socio».
El relato de los hechos
Ricart explicó que, la noche del 13 de noviembre de 1992, él y Antonio Anglés recogieron en un Opel Corsa blanco a las tres jóvenes cuando hacían autoestop.
En lugar de llevarlas a la discoteca Coolor, como ellas pidieron, las llevaron a una caseta abandonada situada en el paraje montañoso del barranco de la Romana.
Durante esa noche y la madrugada, las adolescentes permanecieron atadas a un poste de madera dentro de la caseta.
Antonio Anglés fue desatando de una en una a las adolescentes para violarlas con la ayuda de Miguel Ricart, que les sujetaba las piernas para minimizar el forcejeo.
El propio Ricart violó a Desirée antes de que Anglés la obligara a entrar en la caseta.
Cuando intentaron dormir, como las niñas no paraban de llorar, Anglés se levantó furioso y con un palo las golpeó repetidamente para que callasen.
Unas horas más tarde, las obligaron a caminar a punta de pistola y a la luz de unas velas hasta una fosa que Antonio Anglés había cavado horas antes a unos cuatrocientos metros de la caseta.
AllAllí, Anglés asesinó a las adolescentes de sendos tiros en la cabeza. A continuación, envolvieron sus cadáveres en un trozo de moqueta y las enterraron.

Ricart, detenido
El caso parecía resuelto con eso pero Miguel Ricart realizó una declaración ante el juez, José Miguel Bort, en la que dio un giro radical a su relato: negó su participación en los crímenes y aseguró que la Guardia Civil le había torturado para forzar su autoinculpación.
La huida de Antonio Anglés
Mientras tanto, en marzo de 1993, un colaborador de la policía antidrogas de Portugal aseguraba haber convivido con el fugado Antonio Anglés durante dos semanas en la localidad costera de Caparica.
Según este colaborador, Anglés le robó el pasaporte con la intención de tomar un barco que le llevase a Brasil, su país de nacimiento.
El 15 de marzo de 1993, la tripulación del barco mercante City of Plymouth encontró a bordo a un polizón portugués que, al ser descubierto, se lanzó, o lanzaron, al mar con un chaleco salvavidas.
Este chaleco fue encontrado más adelante en la bocana del puerto sin rastro del polizón.
Aunque su búsqueda no cesó, desde ese momento el rastro de Antonio Anglés se perdió en el mar.
Cualquier otro rastro de él acabó en nada.
En la actualidad, Antonio Anglés aparece en la web de Interpol como una de las personas más buscadas del mundo, aunque se cree muerto en el mar.

Cartel de se busca de Anglés
Las autopsias
Hay cierta polémica por la primera autopsia realizada.
El Instituto Anatómico Forense de Valencia, con un equipo formado por seis forenses de Valencia, realizó el primer estudio de los cuerpos.
El proceso llevó ocho horas, y al parecer se omitieron algunos detalles clave.
Inmediatamente después de las primeras autopsias y por requerimiento de las familias, el catedrático Luis Frontela realizó una segunda autopsia, más minuciosa, a los cuerpos de las adolescentes.
Durante esta autopsia se halló algo extraño: al parecer en una de las niñas se había encontrado clavada, en la columna, una cruz de Caravaca.
Existen dudas sobre la pertenencia de esta cruz a alguna de las niñas, pero el hallazgo ayudó a que se especulara con que podría ser parte de algún ritual.

La cruz de Caravaca
El juicio
El juicio por el triple crimen de Alcácer tuvo como único acusado a Miguel Ricart, quien enfrentaba cargos por rapto, violación, asesinato e inhumación ilegal.
A lo largo del juicio, Ricart negó su culpabilidad, alegando que su confesión fue obtenida bajo coacción, y sugirió la implicación de otros. Fue condenado a 170 años de prisión y al pago de una indemnización a las familias de las víctimas.
Teorías alternativas y polémica
Todo podría haber quedado en eso si no fuera porque la prensa y los medio seguín informando, y a veces desinformando, sobre el tema.
El padre de Míriam, Fernando García, se involucró personal y activamente en la búsqueda de las tres niñas.
Tras el hallazgo de los cadáveres, con la percepción de una falta de colaboración por parte de las autoridades le llevaron a suponer que se estaba tratando de ocultar la verdad sobre el crimen.
El periodista de sucesos Juan Ignacio Blanco también lo creía, y se convirtió en el investigador extraoficial del caso.
Juntos cuestionaron el trabajo de la Guardia Civil, los forenses y los jueces y desarrollaron una teoría alternativa que les situó de lleno en el foco mediático.
Esta teoría fue difundida a lo largo de 1997 en TV.
En esa teoría alternativa, Antonio Anglés y Miguel Ricart eran unos delincuentes comunes que seguían las órdenes de una banda organizada de asesinos.
Ricart solo se habría encargado de enterrar los cadáveres de las niñas, a las que se les habría dado muerte en otro lugar no determinado.
Mientras que Anglés habría sido asesinado y enterrado para evitar que delatase a los verdaderos culpables.
Según ellos la banda criminal estaría dirigida por políticos y empresarios con mucho poder que se dedicarían a la grabación de vídeos snuff, es decir, vídeos cortos de torturas y asesinatos reales.
En directo, García y Blanco acusaron a tres hombres con relevancia política y empresarial, dando sus nombres y apellidos y sin presentar ninguna prueba al respecto, de pertenecer a una red de producción de películas snuff implicada en el crimen.
Estos hombres, a quienes denominaron el clan de la Moraleja, eran un ex gobernador civil de Alicante, un productor de cine, José Luis Bermúdez de Castro, y un expresidente de la compañía Telefónica, Luis Solana.
Un reportaje publicado en una revista, más tarde revelaba que García y Blanco habían sido utilizados para hacer estas acusaciones.
Un exsocio de los tres hombres proporcionó información falsa a Blanco con el fin de vengarse de ellos por una trama urbanística fallida en Madrid.
Sea como sea, los tres «acusados» acudieron a los tribunales.

El caserón de los hehcos actualmente
El supuesto vídeo snuff
¿Por qué esa acusaciones tan precisas?
Hasta su fallecimiento en 2019, Blanco manifestó estar en posesión de una cinta de vídeo snuff protagonizada por las tres niñas.
Blanco aseguraba que, unos diez días después de que él llegase a Alcácer, el párroco del municipio llamó a medianoche a Fernando García para que acudiera a la iglesia.
Allí, García recibió un sobre con una cinta VHS en su interior cuyo contenido visionaron García, su hermano y Blanco.
En una de las escenas aparecían Míriam y Desirée tumbadas en unas camillas.
A su alrededor había un grupo de personas, algunas conocidas y con gran relevancia social y económica, que torturaban a las niñas realizándoles cortes con un bisturí.
Blanco sostenía que había hecho llegar una copia de la cinta al ministerio del Interior y que no había obtenido respuesta por parte de las autoridades.
El propio García niega haber recibido o visto tal vídeo, y jamás hubo rastro de las cintas, si las hubiera.
Lo raro es que, semanas después del fallecimiento de Blanco en julio de 2019, un programa de televisión entrevistó a Fernando García y afirmó en esta ocasión haber tenido contacto físico con la cinta pero que nunca ha observado su contenido, a pesar de haberlo negado en su día.
Si la cinta existiera, la habríamos visto, pero lo más probable es que jamás haya existido.
Dudas e irregularidades
Diversos medios describieron posibles errores en la investigación, inconsistencias del sumario, dudas razonables y otras cuestiones no resueltas que pueden inducir a desconfiar de la veracidad del relato de los hechos recogido en la sentencia del juicio.
Por ejemplo, como los trozos del volante médico que incriminaban al hermano de Anglés habrían permanecido sobre la fosa, en una zona de fuertes vientos, durante dos meses y medio.
Y como no se encontraron rastros de sangre o fluidos orgánicos de las niñas en la caseta donde se afirma que tuvieron lugar los hechos o en el coche donde fueron transportadas.
Además las pruebas forenses hallaron 15 pelos encontrados en los cuerpos de las adolescentes.
El examen demostró que doce de ellos no pertenecían ni a Ricart ni a Anglés y que podían pertenecer a otras cinco o siete personas.
Ricart en libertad
Ricart estuvo solamente 21 años preso.
Fue liberado gracias a un cambio en las leyes penales españolas el 29 de noviembre de 2013.
Mantengo lo que dije en su día. Soy una puta cabeza de turco. Tengo que demostrar que yo no fui.
Esa fue la primera declaración que hizo a la prensa a su salida de la prisión.
Afirma que la verdad del caso Alcàcer no ha salido y que Antonio Anglés fue asesinado en España.
En 2023 concedió una entrevista a un canal de Youtube en la que volvió a negar cualquier participación en el crimen. Definió a Anglés como basura, carente de humanidad y sentimientos.
Dio su versión de que esa noche Anglés asesinó a dos de las niñas y el hermano de este a la otra y comentó que fue obligado por Anglés a participar, amenazado de muerte.
Nuevos hallazgos
El 24 de junio de 2019, una pareja de curiosos que paseaba por el lugar en el que fueron encontradas las niñas de Alcácer halló unos restos óseos.
En total fueron cuatro huesos que se conjetura que podría tratarse de huesos pasados por alto durante el levantamiento de los cadáveres en 1993 y que se confirmaron de una de las niñas.
Ese año, también se estrenó en la plataforma Netflix una serie-documental de cinco episodios titulada El caso Alcàsser, para los curiosos.
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